Ganó el oro en los Juegos Bonaerenses y le regaló su medalla al segundo: "Quería que ese llanto se convirtiera en alegría"

Omar es el más chico de 7 hermanos y vive con su mamá y su papá en Mayor Buratovich, va a la escuela de noche porque de día trabaja en el campo para ayudar a su familia. En la final de los Juegos Bonaerenses, en Mar del Platam ganó el oro en 100 metros de atletismo, pero decidió regalarle la medalla a un joven que obtuvo el segundo puesto. 

Era la segunda vez que Omar Perea llegaba a Mar del Plata con los Juegos Bonaerenses. Y había logrado la medalla de oro en 100 metros de atletismo. Pero no la tuvo ni 10 segundos en sus manos: se la regaló al chico que había salido segundo.

Omar tiene 17 años y es de Mayor Buratovich. Cursa el cuarto año de secundaria y viajó para competir junto a la comitiva de Villarino. Dice que vivió un momento único que jamás olvidará: "El año pasado este chico no pudo ganar la medalla, dijo que iba a esforzarse más para el próximo año y sin querer esta vez nos volvimos a cruzar", le contó a La Nueva Provincia. 

Por segunda vez, Omar le había ganado a Javier Baez, un chico de Pinamar. "Cuando me dieron la medalla, el pibe la miraba y eso me partió porque en cada lágrima veía su esfuerzo. Ni lo pensé y se la di". Su corazón respondió en el momento exacto, dice que siempre lo hace con las personas que más necesitan.

Omar no veía un rival en Javier, sino a un compañero. Y el chico no podía creerlo: "Me quedó mirando y preguntaba 'por qué lo hiciste'. Él se lo merecía. No paraba de agradecer y yo le dije 'no tenés nada que agradecerme: hoy por tí mañana por mí".

Todos quedaron sorprendidos con la actitud de Omar. Cuando miró a su alrededor vio al público y a los organizadores llorando de emoción. Y enseguida explotaron los aplausos.

"Sólo quería que ese llanto se convirtiera en alegría y lo logré", dice Omar con orgullo y tranquilidad.

Omar es el más chico de 7 hermanos y vive con su mamá y su papá.

Va a la escuela de noche porque de día trabaja en el campo para ayudar a su familia. Le quedan 2 años para terminar y cuenta que le va bien, pero que no piensa en el futuro.

De lo único que está seguro es que mientras el cuerpo le responda va a seguir corriendo por las calles de su pueblo, porque le apasiona.

FUENTE y FOTO: La Nueva 

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